TALLER DE CREACIÓN LITERARIA DE PINA DE EBRO pinaescribe@gmail.com |
![]() Mándanos tus relatos y sugerencias a nuestro correo: pinaescribe@gmail.com
|
|
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2006.
EN TERCERA-POEMA DESDE UNA BOLSA Dos billetes juntos dos billetes dos en tren climatizado expreso como el café ¿De Madrid al cielo? Viaje inverso del triángulo que corta. A dos billetes juntos dos billetes dos la grapa que junta no hiere la V que marca no sangra a dos billetes juntos juntos de fumador. Madrid-Zaragoza-Huesca. Un mundo raro de Periferias a dos billetes juntos en el círculo de arena separó. Maldito ciento trece ¿y el ciento treinta y tres? ¿por qué no? JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ Cuando era niña, mis pies recorrían aquel espacio. Entonces todo me olía a pan tierno, a mantecados a magdalenas y a bollos. Dibujaba con harina palabras recién aprendidas, y escondía mil preguntas sin respuesta bajo el miedo a lo desconocido. Hoy, siento mis pies recorriendo el mismo espacio. Todo me huele a plástico, a pegamento, a pintura, a loza, a papel de regalo y a cercana despedida… Nuevas estanterías robando: tableros de madera, mostrador verde, pintado capa a capa por la mano firme de mi padre, latas de repostería, portezuela, amasadora, pila de agua, palas, leña, tercerilla, cabezuela… Mi trabajo: el mismo espacio, ese lugar donde duermen mis recuerdos y se ocultan mis deseos. Julia Gallego Ejercicio sobre nuestro trabajo para el próximo taller EN PRIMERA PERSONA: La noche nos vino encima, como si la oscuridad quisiera tendernos un telón que pusiera fin a nuestro último acto. Volvía en silencio, regresábamos de nuestro último encuentro en aquel bar de copas llamado Hierba de Indonesia, mientras un sabor a sacarosa, miel y gengibre se explayaba por mi lengua. Era algo extraño, galvánico y súbito. Contra el fieltro de mi bolsillo, un aviso, y cuatro billetes de ida de mugrientos metrobús. Y, en mi mano, adherido como sanguijuela chupadora, un billete de vuelta. Un, llámame cuando puedas alcanza mis sentidos y enfría mis deseos. ¿Para qué? ¿Para qué quiero llamar? El tren nos lleva a la tierra del olvido. Ahora se ha puesto el sol y es hora de plegar. EN TERCERA PERSONA: La noche les vino encima, como si la oscuridad quisiera tenderles un telón que pusiera fin a su último acto. Volvía en silencio, regresaban de su último encuentro en aquel bar de copas llamado Hierba de Indonesia, mientras un sabor a sacarosa, miel y gengibre se explayaba por su lengua. Era algo extraño, galvánico y súbito. Contra el fieltro de su bolsillo, un aviso y cuatro billetes de ida de mugrientos metrobús. Y, en su mano, adherido como sanguijuela chupadora, un billete de vuelta. Un llámame cuando puedas alcanza sus sentidos y enfría sus deseos ¿Para qué? ¿Para qué quiere llamar? El tren les lleva a la tierra del olvido. Se ha puesto el sol y es hora de plegar. Julia Gallego Es invierno en mi alma y hiela mi pecho la nieve se acumula y sopla el viento. Llueve en mis ojos aguacero intenso mi boca muda guarda silencio ¡Si el sol saliera y rozara mi pecho! seguro fundiría todo este hielo y mi boca de risas llenaría el cielo... y espero aterida sentada en el suelo que ese milagro ocurra mientras aún haya tiempo. Arrate Gallego Lo primero fue el color: Naranja y verde Así llegué En la foto de un DNI viejo Veo a mi bisabuelo Me llama esparvel Sonríe con la boca torcida -Ha visto demasiado del mundo- No puede sonreír del todo Yo en cambio En el pilón de San Roque Sonrío medio desnuda Con la ignorancia del mundo Reflejada en la cara En el jardín de la plaza Con un Miguel redondo El color se multiplica Pero poco a poco empieza a desaparecer Y David ya fue gris Alguien acababa de morir Todos tenían miedo Yo también En mi habitación oscura Ojos de muñecas encima del armario Como a todos a mí también me vigilaban Y aquella muerte trajo más vida Y salimos al monte Y a la arboleda Y jugamos al fútbol entre los pinos En sitios donde antes hubo una guerra Y veo el lápiz del carpintero Siempre detrás de la oreja Una herencia como cualquier otra Ignorado sistema de sujeción Y bicis extrañas al salir del colegio Con todos los primos buscando un hueco Y ataúdes donde esconderte Con esa tela acolchada y blanca Y gafas empañadas al comer lentejas Todo el invierno comiendo ciega Y ropa manchada con cada viaje Con cada verano y sus vacaciones Y estoy con mis abuelos Leyendo la Lecturas tras la misa del domingo Y esperando los cinco duros de propina Y veo a la Felicidad Con la moneda en la mano Cuando le llevo mis higos Y a la Pilarín Dándonos chocolate de su tienda Y a Juan el Rosquillas Cortando el pelo a mis hermanos Y al Ángel el Cojo Entrando en su quiosco A vendernos chucherías Y a mi abuela y sus hermanas En el comedor de la tía Carmen Jugando a la perejila Y veo a mi Virgen y a mi decepción Y veo lo que fui Y veo lo que soy Lo mismo Pero con ausencias Marisa Fanlo Mermejo, 13-11-06 Lloro porque me he quedado sin lágrimas y como las nubes que pasan inútilmente sobre la tierra árida mi corazón se marchita sin ellas. Mi lloro es un lamento de la vida, del tiempo de la muerte que llevo adentro adherida como hiedra al árbol pleno al que roba vigor, juventud y hasta sus sueños y ya no tengo más lágrimas para llorar mis miedos y temo despedirme seca como el desierto. Arrate |